Quise escribir sobre muchas cosas referente a los
10 años de la revolución ciudadana al mando del economista Rafael Correa
Delgado, pero en el transcurso de la investigación y recolección de datos sobre
lo bueno y lo malo de esta década se pasó por mi mente otro tema. Un tema que
me preocupa como hombre, como adulto, como comunicador y sobre todo como padre.
Cuando yo era un joven, la sexualidad era un
taboo (incluso existía una película de genero prohibido con ese nombre y era la
que todo adolescente de mi época quería ver); pocos supimos lo que era la
relación sexual, de forma física, a corta edad.
Siempre he sido de esos hombres que les gusta
conocer de cerca de que se trata cierto tema para poder hablar y sobre todo
emitir un criterio. Hoy 25 años después este tema que era casi imposible
hablarlo en público se toma las portadas de periódicos y las cabeceras de los
noticieros televisivos y se habla abiertamente en os noticieros radiales.
La temática sexualidad abarca demasiados
parámetros, que incluso el más experto de los empíricos en el tema desconoce.
Hace pocos días atrás un cuerpo colegiado denominado “Corte Constituconal”
determinó que está en manos de los menores, adolescentes, púber, como quieran
definirlos decidir sobre su sexualidad y salud reproductiva.
En una de esas cadenas que van y vienen en el
WhatsApp, se visualizaba el discurso de un senador chileno que se expresaba
abiertamente sobre este tema, que también fue ojo de la tormenta en el país del
sur.
Él decía “pongamos en la Constitución (sobre
el tema salud sexual y reproductiva) que el joven puede hacer lo que le da la
gana sobre su sexualidad pero sobre el resto de las leyes debe ajustarse a lo
que dice la norma”.
Yo razonaba: tendrá razón en decir eso. Si mi hijo me pide que lo deje ir a los 14
años a la disco le diré que no puede porque no tiene edad; pero si me pide que
quiere ser padre a los 15 tengo que dejarlo porque es su decisión. Raro
verdad.
Hablemos claro. No se puede decidir sobre los
destinos de cada persona. Es verdad que todos, menores o mayores, tenemos
derechos y obligaciones, pero… que un menor de edad, que no tiene otra
responsabilidad que tender la cama y hacer su tarea, decida ser padre o madre
es algo contradictorio contra toda norma.
Según datos del Ministerio de Salud Pública,
seis niñas menores de 14 años se convierten en madres diariamente. La tasa de
embarazo adolescente en América Latina y el Caribe es de 66,5 nacimientos por
cada 1 000 niñas de 15 a 19 años, según la OPS.
Se espera entonces que estas cifras se salgan
de desproporción. De verdad no sé si estoy confundiendo los temas, pero me
preocupa. Me preocupa por que el Ministerio de Salud Publica debería ejecutar
efectivamente el Plan Familia.
En Ecuador, en todos los centros de salud
deben existir dispensadores de preservativos, también está disponible la
pastilla anticonceptiva de emergencia, pero solo es letra muerta. Eso no se da.
Al menos en mi provincia no se cumple.
No me opongo a que un adolescente menor de
edad se abstenga de experimentar su sexualidad, pero sí me opongo a que un
adolescente se convierta en padre sin tener responsabilidades sobre su vida
misma.
La educación sexual debe darse en las
escuelas, colegios. Para evitar que nuestros hijos se conviertan en padres a
corta edad. La educación sexual se debe dar en las escuelas y colegios (no es
repeditdo) pero con mucho tino si van a tratar temas relacionados con la
identidad de género.
(Trabajo realizado el 7 de agosto de 2018)
(Trabajo realizado el 7 de agosto de 2018)

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